Escalada en La Puebla de Guzmán

      Este domingo, paseando muy de mañana por Pino Montano se veían Ciclistas a medio ritmo ocupando el ancho de la calzada, también al camarero que está montando el velador con la arruga de la sábana en la mejilla y la película de anoche en la cabeza, por delante pasaba un matutino sexagenario paseando al  perro en busca de un poco de tranquilidad donde leer el triunfo apretado de “su Betis” en el Benito Villamarín, y en medio de todo esto están 4 “aguerridos montañeros” que con las manos en los bolsillos y charlando en círculo casual hecho al sol esperan a un quinto que llega corriendo y saluda metiendo prisa para salir. No se hable más ¡nos vamos!

      Y con ese ¡nos vamos!, este quinto se refería a llegar a La Puebla de Guzmán, más concretamente a la ermita de Nuestra Señora de La Peña donde compartimos la primera salida de la asociación que este año dedicamos a la escalada.

Pepe haciendo cima       Una vez hubimos llegado a la escuela y tras repartir el material, para los no iniciados le pusimos nombre a los mosquetones, cintas, líneas de vida y demás aperos que llevábamos y les explicamos su uso, y así, después de una clase teórica comenzamos con la práctica. Las primeras vías coronadas fueron unos cuartos que nos sirvieron para tomar contacto con la roca y coger confianza. Fue impresionante ver a Pepe subir con una ligereza de gato que no se correspondía con la edad que dice su documentación y seguir agarrándose a la piedra después de la primera caída y el primer susto. ¡Ánimo Pepe, te espera un gran futuro en el gremio! Así, con una idea mucho más precisa de lo que nos esperaba ese día, Alberto con gran maestría y quitáFrncesco y esther agarrados a la paredndole el polvo que el tiempo había cubierto a sus conocimientos de escalada abrió las siguientes vías, dos quintos que nos impresionaron a todos y demostraron lo equivocados que estaban los que decían: “yo ésta no la voy a subir”. Francesco, es increíble la habilidad que demostraste para ser la primera vez que tenías contacto con este deporte, espero que sigas acompañándonos y podamos seguir disfrutando de tu compañía y de las empanadas que hace tu chica. La maestría de Esther se demostró en la quinta vía, otro quinto que subió con tesón y constancia, que le hizo imponerse a lo que ella mientras lo estaba haciendo decía que no sería capaz de hacer. Recuerda Esther, en la vida como en la escalada no faltan apoyos, la mayoría de las veces lo que falta es confianza.

      La vuelta ha sido tranquila, el cuerpo después de la tensión acumulada se relaja tanto que es fácil que te quedes dormido en el coche. El aspecto del barrio a las 21:00 es muy diferente, el bullicio es mucho mayor, y los veladores ahora están llenos de gente que conversa con sus allegados y cena antes de terminar el fin de semana y acostarse para mañana darle de nuevo los buenos días a la rutina. Lo único que no ha cambiado es el camarero, aunque ahora la arruga se le haya quitado. La sensación que traemos es que hemos hecho todo lo que íbamos a hacer ese día, ya sabemos lo que es escalar una pared y lo mejor de todo es que nos ha encantado hacerlo. ¡En mayo repetimos!

                           todos juntos frente a la ermita de nuestra Señora de la Peña


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